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Kalshi & Polymarket.
Dentro del negocio multimillonario de apostar en todo


Los mercados de predicción dejaron de ser una curiosidad de internet para convertirse en uno de los negocios financieros más comentados del momento.
La idea es que en lugar de comprar acciones, los usuarios compran contratos ligados a una pregunta de sí o no. ¿Ganará cierto candidato una elección? ¿Ganará cierto equipo un campeonato? ¿Bajará la inflación antes de cierta fecha? Si el usuario acierta, el contrato paga $1 dólar. Si se equivoca, recibe $0.
Si un contrato cuesta $0.70 dólares, el mercado está diciendo que ese evento tiene una probabilidad cercana al 70%. Si más personas creen que ocurrirá, el precio sube. Si menos personas lo creen, baja. En teoría, estas plataformas funcionan como un termómetro colectivo sobre el futuro.
Alrededor de toda esta industria hay dos empresas muy importantes, Kalshi y Polymarket.

Kalshi y Polymarket dominan el auge de los mercados de predicción.
Reuters reportó que Kalshi cerró una ronda de inversión de $1,000 millones de dólares que valoró a la empresa en $22,000 millones, más de diez veces su valuación del año anterior. Polymarket, por su parte, ha estado en conversaciones para levantar capital con una valuación de hasta $15,000 millones de dólares.

Kalshi ya alcanza una valuación de $22,000 millones.
Kalshi opera en Estados Unidos bajo supervisión de la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), la agencia que vigila los mercados financieros. Polymarket creció fuera de esa regulación, lo que le permitió ofrecer más tipos de mercados.
El problema es que una gran parte del negocio empezó a parecerse demasiado a las apuestas deportivas. En Kalshi los contratos deportivos ya representan más del 80% del volumen. Esa categoría atrajo a apostadores profesionales porque estas plataformas no necesariamente expulsan o limitan a quienes ganan demasiado.
Las casas de apuestas suelen ganar cuando el cliente pierde. Los mercados de predicción ganan una pequeña comisión cada vez que alguien compra o vende un contrato. Su incentivo no es que una persona pierda, sino que haya muchas operaciones. Más usuarios y volumen significan más ingresos.
Por eso Kalshi ha intentado separarse de las casas de apuestas popularizando la frase “no somos la casa”. La idea es decir que no apuesta contra el usuario, solo administra el mercado.
Kalshi también tiene una unidad interna llamada Kalshi Trading LLC, que ayuda a que existan compradores y vendedores. Esto es común en los mercados financieros, pero si una parte relacionada con la empresa participa, ¿el usuario realmente no está operando contra “la casa”?
En Kalshi, un portavoz dijo que por cada usuario que gana dinero, tres lo están perdiendo. En Polymarket, un análisis del Wall Street Journal sobre 1.6 millones de cuentas encontró que los perdedores superan a los ganadores y una fracción muy pequeña concentra la mayoría de las ganancias.
Kalshi argumenta que sus contratos son productos financieros regulados a nivel nacional. Varios estados responden que si el producto se ve como una apuesta, debería tener licencia de juego.
El mayor riesgo reputacional puede estar en el uso de información privilegiada. Reuters reportó que autoridades federales investigan a George Santos (excongresista) por posibles operaciones sospechosas en Kalshi.
El Departamento de Justicia acusó a un soldado estadounidense de usar información clasificada para ganar más de $400,000 dólares en Polymarket apostando sobre la intervención militar en Venezuela.
Por eso el futuro de estos mercados no depende solo de que más personas quieran predecir elecciones, deportes o eventos globales. Al final, predecir el futuro puede ser negocio. Pero el reto será convencer a los reguladores de que esto no es solo una casa de apuestas con lenguaje financiero.
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